La inteligencia artificial (IA) redefine los paradigmas económicos globales y su impacto en la sociedad moderna.
La inteligencia artificial no solo está transformando la economía global, sino que también está consolidando un modelo de concentración de riqueza similar al que surgió con internet, advirtió el geógrafo David Harvey durante su participación en el Congreso Internacional ‘México en la encrucijada global’ en la UNAM.
- ✅ David Harvey destacó que la IA, como ocurrió con internet en los años 90, podría profundizar la desigualdad económica si no se regula su uso.
- ✅ El reconocido teórico comparó la utopía inicial de internet —donde se esperaba un acceso masivo al conocimiento— con la realidad actual, dominada por monopolios tecnológicos.
- ✅ Harvey analizó cómo el capitalismo actual, impulsado por tecnologías como la IA, acelera la competencia económica y concentra la riqueza en unas pocas manos.
- ✅ Durante su intervención, el geógrafo reflexionó sobre las ideas de Karl Marx para explicar cómo la IA y otras tecnologías refuerzan la lógica del capital.
- ✅ El Congreso Internacional ‘México en la encrucijada global’ rindió homenaje al profesor emérito Enrique Semo, destacando su legado en el estudio del capitalismo.
- ✅ Harvey criticó el modelo de austeridad neoliberal, señalando que beneficia a las élites mientras perjudica a las mayorías, con ejemplos como el financiamiento militar en conflictos globales.
- ✅ La IA, según Harvey, no es neutral: su uso depende de las estructuras de poder que la controlan, lo que puede llevar a la extracción masiva de datos personales y la creación de economías basadas en experiencias, no en bienes materiales.

La inteligencia artificial (IA) no es solo una herramienta tecnológica más: está reconfigurando los cimientos de la economía global y, con ello, las desigualdades sociales. Así lo advirtió el geógrafo británico David Harvey durante su intervención en el Congreso Internacional ‘México en la encrucijada global. Reconocimiento a Enrique Semo’, organizado por las facultades de Economía y Filosofía y Letras de la UNAM. Harvey, uno de los teóricos más influyentes en el análisis del capitalismo contemporáneo, comparó el impacto de la IA con el advenimiento de internet en los años 90, cuando se prometía un mundo de acceso democratizado al conocimiento. Sin embargo, lo que ocurrió fue la consolidación de monopolios digitales que concentraron la riqueza en unas pocas manos.
La IA: ¿Una nueva utopía tecnocrática?
En su análisis, Harvey recordó que en las décadas de los 80 y 90, cuando internet comenzó a popularizarse fuera de los círculos académicos, se hablaba de una era de liberación del conocimiento. Se creía que herramientas como la red mundial permitirían a la humanidad avanzar hacia una sociedad más igualitaria, donde la información sería accesible para todos. Sin embargo, lo que ocurrió fue lo contrario: unas pocas corporaciones tecnológicas —hoy conocidas como las ‘Big Tech’— acumularon un poder sin precedentes, controlando no solo el acceso a la información, sino también los datos personales de miles de millones de usuarios.
La IA, según Harvey, sigue esta misma trayectoria. Aunque promete revolucionar industrias como la salud, la educación y la manufactura, su implementación actual está siendo liderada por un puñado de empresas que, al igual que en el caso de internet, priorizan el lucro sobre el bienestar social. «El problema no es la tecnología en sí, sino cómo se usa», advirtió Harvey. «Hoy tenemos plataformas como Netflix, que monetizan nuestro tiempo de ocio, o sistemas que extraen nuestros datos personales para venderlos al mejor postor».
El geógrafo británica también destacó que la IA está acelerando la tendencia hacia una economía basada en la venta de *experiencias* más que en la producción de bienes materiales. Esto se refleja en fenómenos como el turismo masivo, los eventos deportivos globales (como las Copas del Mundo) o incluso la industria del entretenimiento, donde el consumo de contenido digital domina sobre la producción física. «Ya no compramos mercancías, compramos experiencias», dijo Harvey. «Y esto es parte del espíritu del capitalismo tardío: convertir todo, incluso el tiempo de las personas, en una mercancía».
El capitalismo en la era de la IA: concentración de riqueza y poder
Para entender el impacto de la IA en la economía, Harvey recurrió a las ideas de Karl Marx, especialmente a su análisis sobre la *mercancía* y su doble naturaleza: valor de uso y valor de cambio. Marx argumentaba que una mercancía puede ser útil (valor de uso) pero, una vez vendida, su valor de cambio se transfiere al comprador, dejando al vendedor sin acceso a ella. Este principio, según Harvey, sigue vigente en la era digital. Por ejemplo, cuando una persona usa una aplicación de IA para optimizar su trabajo, la herramienta puede generar valor para la empresa que la desarrolló, pero el usuario final no necesariamente se beneficia económicamente de esa innovación.
Además, Harvey señaló que el capitalismo actual está dominado por un grupo reducido de corporaciones —a menudo referidas como el «G5» (las cinco empresas más valiosas del mundo)— que controlan sectores clave de la economía global. Estas empresas no solo acumulan riqueza, sino que también influyen en las políticas públicas, en la educación y hasta en la cultura. «El neoliberalismo no ha traído libertad, sino una competencia feroz por el control de los mercados», explicó. «Y la IA es una de las herramientas más poderosas para mantener esa concentración de poder».
El académico también criticó el modelo de austeridad promovido por el neoliberalismo, que, según él, solo sirve para beneficiar a las élites mientras recorta servicios esenciales para las mayorías. Como ejemplo, citó el financiamiento militar en conflictos como la guerra en Ucrania, donde los fondos destinados a ayuda humanitaria terminan siendo desviados hacia la industria armamentística. «La austeridad es un concepto diseñado para las masas, no para los ricos», afirmó. «Y en un mundo donde la IA está profundizando estas desigualdades, el desafío es aún mayor».
La IA y la producción del espacio: el legado de David Harvey
Uno de los aportes más originales de Harvey al análisis del capitalismo es su enfoque en la *producción del espacio*. Según él, el capitalismo no solo explota a los trabajadores, sino también reorganiza geográficamente la economía para maximizar sus ganancias. Esto se observa claramente en la implementación de la IA. Por ejemplo, ciudades como San Francisco, Seattle o Shenzhen se han convertido en centros neurálgicos de la innovación tecnológica, atrayendo inversiones y talento, mientras que otras regiones quedan relegadas a ser proveedoras de materias primas o mano de obra barata.
Harvey también destacó que la IA está facilitando la expansión del capitalismo hacia nuevos territorios, como el espacio exterior (con empresas privadas como SpaceX) o los mercados financieros, donde los algoritmos toman decisiones de inversión en milisegundos. «El capitalismo siempre ha buscado nuevos frentes de acumulación», dijo. «Y la IA le está abriendo puertas que antes eran impensables».
En este contexto, el homenaje a Enrique Semo —profesor emérito de la Facultad de Economía de la UNAM— cobra relevancia. Semo, como Harvey, dedicó su vida a estudiar el capitalismo desde una perspectiva crítica y materialista. Su legado, al igual que el del geógrafo británico, subraya la necesidad de entender las dinámicas económicas no solo en términos abstractos, sino también en su dimensión espacial y temporal.
Mary Frances Rodríguez Van Gort, directora de la Facultad de Filosofía y Letras, resaltó que la participación de Harvey en el congreso fue un reconocimiento a su capacidad para conectar las ideas de Marx con los desafíos del siglo XXI. «Harvey nos recuerda que el capitalismo no es un sistema estático, sino que se reinventa constantemente», afirmó. «Y hoy, la IA es una de sus herramientas más poderosas para hacerlo».
¿Podemos evitar que la IA profundice las desigualdades?
Ante este panorama, la pregunta inevitable es: ¿existe alguna forma de regular la IA para que su impacto sea más equitativo? Harvey fue cauteloso en su respuesta. Reconoció que, en teoría, sería posible implementar políticas que limiten el poder de las grandes tecnológicas o redistribuyan los beneficios de la IA. Sin embargo, advirtió que cualquier intento de hacerlo enfrentaría una fuerte resistencia de quienes actualmente controlan la economía global.
«La pregunta no es técnica, sino política», dijo. «¿Estamos dispuestos a sacrificar parte de nuestro crecimiento económico para garantizar que la IA beneficie a la mayoría y no solo a unos cuantos?». Harvey citó ejemplos históricos, como las luchas por los derechos laborales o la creación de sistemas de protección social, que demostraron que el cambio es posible, pero requiere organización y presión desde la sociedad civil.
En este sentido, el papel de las universidades —como la UNAM— es crucial. Instituciones académicas pueden no solo formar a los futuros profesionales de la IA, sino también generar conocimiento crítico sobre sus impactos sociales. «Las universidades deben ser espacios de reflexión, no solo de entrenamiento técnico», enfatizó Harvey. «Si no entendemos las implicaciones éticas y económicas de la IA, estaremos condenados a repetir los errores del pasado».
El futuro de la economía en la era de la IA: entre la utopía y la distopía
El discurso de Harvey dejó claro que la IA no es neutral: su impacto depende de las estructuras de poder que la controlan. Si estas estructuras siguen dominadas por el capitalismo neoliberal, es probable que la tecnología profundice las desigualdades, la vigilancia masiva y la concentración de riqueza. Sin embargo, también existe la posibilidad de un escenario distinto, donde la IA sea utilizada para democratizar el acceso al conocimiento, optimizar recursos y mejorar la calidad de vida de las mayorías.
Para lograr esto, Harvey propuso repensar el concepto mismo de *desarrollo*. En lugar de medir el progreso únicamente en términos de crecimiento económico, sugirió evaluarlo por su capacidad para reducir la pobreza, garantizar derechos básicos y proteger el medio ambiente. «El PIB no debería ser nuestro único indicador de éxito», dijo. «Necesitamos métricas que reflejen el bienestar humano y la sostenibilidad».
El geógrafo también hizo un llamado a los jóvenes, quienes serán los principales afectados —y beneficiados— por la IA. «No esperen a que los políticos o las empresas resuelvan este problema», les dijo. «Organícense, exijan transparencia y participen en la construcción de alternativas».
En un mundo donde la IA ya está transformando industrias, mercados laborales y hasta nuestras relaciones sociales, las reflexiones de Harvey son más relevantes que nunca. Su mensaje final fue un llamado a la acción: «La tecnología no determina nuestro futuro, pero sí puede ser una herramienta para alcanzarlo. Depende de nosotros decidir cómo usarla».
El Congreso Internacional ‘México en la encrucijada global’ cerró con una certeza: la IA llegó para quedarse, y su impacto en la economía —y en la sociedad— será uno de los grandes debates del siglo XXI. La pregunta que queda en el aire es si la humanidad estará a la altura del desafío.
La inteligencia artificial está redefiniendo la economía global, pero su impacto no está escrito en piedra. Depende de cómo la sociedad, las instituciones y los Estados decidan regularla y utilizarla. Harvey nos recuerda que, como ocurrió con internet, la IA puede ser tanto una herramienta de liberación como un instrumento de opresión. El desafío no es tecnológico, sino político: construir un futuro donde la innovación sirva para reducir desigualdades, no para profundizarlas. Las universidades, los gobiernos y la ciudadanía tienen la responsabilidad de garantizar que esta revolución nos lleve hacia un mundo más justo, y no hacia una distopía donde unos pocos acumulan riqueza mientras el resto queda atrapado en la precariedad.